domingo, 1 de enero de 2012

Simbolo de paz

 Corría el año 3.112, en la zona que conocemos como México. Un culto joven, dedicaba su vida a los astros, y también, como cualquier ser humano que haya pisado este planeta, dedicaba su mente a los hombres.
 El muchacho no dudaba en decir que la raza humana habría ya desaparecido en el momento que la tierra dejara de girar, fuera impactada o devorada por quien sabe que cosa que habita el infinito cosmos. Así de seguro estaba también, de que la evolución humana se había limitado ya a las mentes, y que un día un hombre nuevo, pero igual que este, nacería. Aunque tal vez crezcan bastante nuestras cabezas.
 Dos niños lanzando piedras hacia la nada llamaron su atención, había quienes afirmaban que la competencia era la razón del avance de la civilización, los niños discutían rara vez quien había lanzado la piedra mas lejos, pero algo brillaba en sus ojos cuando sentían que la piedra se deslizaba por sus dedos girando, y veían la parábola perfecta que trazaban cortando el viento, para llegar lo mas lejos posible, ese tiro había salido mejor que el anterior. El pequeño lo sabia, sus ojos lo decían, y el joven lo leía.
 Y llegaría el día, decía, en que nadie necesite sentirse mas que nadie. Sino disfrute el sentirse mas que si mismo. Disfrutándose a si mismo, y con su gente, disfrutándolo a el, disfrutándolos a ellos también.
 Llegaría el día, pero no todavía, su Jefe planeaba mandar el batallón a buscar esclavos a un pueblo cercano. El joven sabia que no necesitaban esclavos, que son el lujo mas inmoral y egoísta que un hombre puede darse. Nada podía hacer mas que decir que las cosechas irían bien, y el pueblo no pasaría hambre. Pero los jefes siempre sentían esa necesidad de un poco mas, de territorio, de esclavos, y de cosas que tal vez a veces se necesitaban, pero siempre había una mejor manera de conseguirla que ellos ignoraban.
 Quería crear un símbolo de paz, de unión, de disolución de eso que generaba un hambre sádica y violenta, eso que alguien llamo ego. Llegaría el día de la unión, la solución.
 El sol era devorado por las montañas mientras pensaba en ese día, a ponerle fecha no se atrevía, quizás en el reinicio del calendario, quizás mañana, quizás un mesías. Habría miles de mesías, lo sabia.
 Se acercaba el año nuevo, 3.113 del calendario Maya. Y los ojos del joven se apiadaban de las generaciones que seguirían viviendo con esto. Su amigo Zaratustra se adentraba en la montaña y sabia que alguien hablaría de el. Que Platon, Lennon, Borges, Dali, y un interminable lista verían lo que el ve. Lo predicarían, y al final, llegaría el día.

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