Podría estar equivocado. Pero no, no lo estoy, cierta gente hizo creerle a la gran mayoría de la gente que la razón era una sola, que no había dos soluciones al mismo problema, que los que atentaban contra el orden y el sistema eran locos, neuróticos, psicóticos, esquizofrenicos, drogadictos, etc. Podríamos estar equivocados, tal vez lo estamos, pero no por eso vamos a bajar los brazos, sabemos que hay algo mal en este planeta, y la única fuerza capas de cambiarlo es una idea, una idea correcta, o incorrecta. No creo en la verdad y la mentira, solo existen los echos y las ideas, que ni verdaderas ni falsas, son ideas. Nos están metiendo la misma idea en la cabeza desde hace muchos años. Tenemos otra idea. Queremos otra idea. Que le de aire al mundo, que genere un cambio, que si es posible, lo haga mejor. Una idea que le de vida a Jeremy. Que desmantele el miedo. Una idea que nos una.
Empezar a ser átomos, los átomos viven, se unen, se separan, se vuelven a unir, y así interminablemente en paz para generara cosas enormes, como vos mismo, como yo.
Una idea así de simple, sostenida hasta el máximo punto, hasta cruzando la locura para defenderla. Podría estar equivocado, pero, ¿de que otra manera se puede influir, mas que no dando nunca la razón?. No es que quiera un mundo de egoístas, eso ya existe en este mismo momento, quiero un mundo de gente unida, que se comprenda la una a la otra se identifique, pero también se individualice, quiero un mundo donde la gente siga sus sueños, donde nadie te diga que no podes hacer algo, donde lo unico que reine, sean las palabras mágicas, paz, unión, tolerancia.
Si se predican estas cosas, no hay motivo para ceder un centímetro, estamos imponiendo la verdad, la única verdad, y es que todos somos iguales, ni mas ni menos.
Las palabras mas simples del mundo, las mas predicadas. Todo dictador ha hecho de ellas sus aliadas, pero yo no soy un dictador, esas palabras son mis dictadoras, y deberían ser las dictadoras de cada persona de este mundo. Son nuestras salvadoras, son las que nos pueden sacar de terminar en un mundo de película cyber-punk o una distopia del maestro Ray.
lunes, 23 de enero de 2012
domingo, 1 de enero de 2012
Simbolo de paz
Corría el año 3.112, en la zona que conocemos como México. Un culto joven, dedicaba su vida a los astros, y también, como cualquier ser humano que haya pisado este planeta, dedicaba su mente a los hombres.
El muchacho no dudaba en decir que la raza humana habría ya desaparecido en el momento que la tierra dejara de girar, fuera impactada o devorada por quien sabe que cosa que habita el infinito cosmos. Así de seguro estaba también, de que la evolución humana se había limitado ya a las mentes, y que un día un hombre nuevo, pero igual que este, nacería. Aunque tal vez crezcan bastante nuestras cabezas.
Dos niños lanzando piedras hacia la nada llamaron su atención, había quienes afirmaban que la competencia era la razón del avance de la civilización, los niños discutían rara vez quien había lanzado la piedra mas lejos, pero algo brillaba en sus ojos cuando sentían que la piedra se deslizaba por sus dedos girando, y veían la parábola perfecta que trazaban cortando el viento, para llegar lo mas lejos posible, ese tiro había salido mejor que el anterior. El pequeño lo sabia, sus ojos lo decían, y el joven lo leía.
Y llegaría el día, decía, en que nadie necesite sentirse mas que nadie. Sino disfrute el sentirse mas que si mismo. Disfrutándose a si mismo, y con su gente, disfrutándolo a el, disfrutándolos a ellos también.
Llegaría el día, pero no todavía, su Jefe planeaba mandar el batallón a buscar esclavos a un pueblo cercano. El joven sabia que no necesitaban esclavos, que son el lujo mas inmoral y egoísta que un hombre puede darse. Nada podía hacer mas que decir que las cosechas irían bien, y el pueblo no pasaría hambre. Pero los jefes siempre sentían esa necesidad de un poco mas, de territorio, de esclavos, y de cosas que tal vez a veces se necesitaban, pero siempre había una mejor manera de conseguirla que ellos ignoraban.
Quería crear un símbolo de paz, de unión, de disolución de eso que generaba un hambre sádica y violenta, eso que alguien llamo ego. Llegaría el día de la unión, la solución.
El sol era devorado por las montañas mientras pensaba en ese día, a ponerle fecha no se atrevía, quizás en el reinicio del calendario, quizás mañana, quizás un mesías. Habría miles de mesías, lo sabia.
Se acercaba el año nuevo, 3.113 del calendario Maya. Y los ojos del joven se apiadaban de las generaciones que seguirían viviendo con esto. Su amigo Zaratustra se adentraba en la montaña y sabia que alguien hablaría de el. Que Platon, Lennon, Borges, Dali, y un interminable lista verían lo que el ve. Lo predicarían, y al final, llegaría el día.
El muchacho no dudaba en decir que la raza humana habría ya desaparecido en el momento que la tierra dejara de girar, fuera impactada o devorada por quien sabe que cosa que habita el infinito cosmos. Así de seguro estaba también, de que la evolución humana se había limitado ya a las mentes, y que un día un hombre nuevo, pero igual que este, nacería. Aunque tal vez crezcan bastante nuestras cabezas.
Dos niños lanzando piedras hacia la nada llamaron su atención, había quienes afirmaban que la competencia era la razón del avance de la civilización, los niños discutían rara vez quien había lanzado la piedra mas lejos, pero algo brillaba en sus ojos cuando sentían que la piedra se deslizaba por sus dedos girando, y veían la parábola perfecta que trazaban cortando el viento, para llegar lo mas lejos posible, ese tiro había salido mejor que el anterior. El pequeño lo sabia, sus ojos lo decían, y el joven lo leía.
Y llegaría el día, decía, en que nadie necesite sentirse mas que nadie. Sino disfrute el sentirse mas que si mismo. Disfrutándose a si mismo, y con su gente, disfrutándolo a el, disfrutándolos a ellos también.
Llegaría el día, pero no todavía, su Jefe planeaba mandar el batallón a buscar esclavos a un pueblo cercano. El joven sabia que no necesitaban esclavos, que son el lujo mas inmoral y egoísta que un hombre puede darse. Nada podía hacer mas que decir que las cosechas irían bien, y el pueblo no pasaría hambre. Pero los jefes siempre sentían esa necesidad de un poco mas, de territorio, de esclavos, y de cosas que tal vez a veces se necesitaban, pero siempre había una mejor manera de conseguirla que ellos ignoraban.
Quería crear un símbolo de paz, de unión, de disolución de eso que generaba un hambre sádica y violenta, eso que alguien llamo ego. Llegaría el día de la unión, la solución.
El sol era devorado por las montañas mientras pensaba en ese día, a ponerle fecha no se atrevía, quizás en el reinicio del calendario, quizás mañana, quizás un mesías. Habría miles de mesías, lo sabia.
Se acercaba el año nuevo, 3.113 del calendario Maya. Y los ojos del joven se apiadaban de las generaciones que seguirían viviendo con esto. Su amigo Zaratustra se adentraba en la montaña y sabia que alguien hablaría de el. Que Platon, Lennon, Borges, Dali, y un interminable lista verían lo que el ve. Lo predicarían, y al final, llegaría el día.
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